Me sostenía en el pendulo de tus caderas sedienta por saborear la esperma caliente de tu deseo, no podía esperar... Pero tú, jugador experto en promover el palpito constante de mi interior, no dejabas escapar un centímetro de tu placer, solo quería el calor que de mi expelía... Te lo entregué, en cinco segundos exploté en placer, la lluvia cálida que humedecía mi entrepierna, hizo que acercaras tu mirada hacia mis pechos que como dos fuertes montañas, posaban su cima en tus dientes... Ya, no podía sostenerme en ti, tomé el control era momento de que sintiese el placer de tu calor en mis papilas, en mis dientes, en mi lengua... Te comí, te besé, te mordí, gemimos juntos hasta saciar por completo nuestras ansias. Después de la explosión, no hubo heridos, solo dos cuerpos tendidos en el manantial de nuestro encuentro, nos vestimos, te di el último beso en ese pasillo de puertas simétricas, tú mordiste por última vez el fin de mi cuello y el comienzo de mi torso. Te dije adiós, ya era hora de tomar ese avión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario