domingo, 8 de febrero de 2015

One Night Stand


Y si por casualidad nos encontramos, no fue ni siquiera coincidencia. Estábamos ahí para encontrarnos, y por sobre todo para entregarnos. 

Fue solo una noche, pero lo necesaria para brindar placer a cada uno de los sentidos que ambos influenciamos. 
Él solo un tipo apegado a mis intereses sexuales: Amplia espalda, pecho tonificado al igual que su trasero y una activa materia sexual traducida en: Un pene que me inundó hasta las orejas (suena algo simple pero así fue). 
Esa noche nos miramos, yo solo me acerqué a la barra de aquel bar y él siguió aquel juego en el que yo solo sonreía y él asentía en cada uno de mis torpes intentos de hablar. 
2 am, ¿Quieres un trago? Me dijo. 
No, prefiero que vayamos a fumar algo afuera de este antro- Le dije con toda mi perso. 
Ok. 
Nos fuimos (antes), conversamos de la inmortalidad del cangrejo y más nada. Solo rematamos con las siguientes sugerentes pero tácitas frases: 
Tu vestido marca perfectamente tu figura. Que envidia con tal prenda- me dijo en el tono más patéticamente cursi que esperaba, yo solo quería culear. 
Bueno, quizás debamos apreciar el vestido desde otra perspectiva- paf lo dije y me importó una reverenda raja, el tipo me gustó. 
Me miró con cara de: <Me pasaría de imbécil si no lo hago>. 
Corrimos, apagamos el cigarrillo en una pared, nos miramos coquetamente y dijo:
Vivo a 5minutos de acá, podemos caminar. 
Caminamos, nos dimos un sumiso y avergonzado beso en la siguiente esquina. 

Llegamos a su depto, seguimos hablando de banalidades que más bien trataban de adornar el propósito de mi visita a su santuario. Fui al baño, me mojé la cara y dije: ta! siguiente paso un beso con mucho labio. 
Lo hice y la escena se describe así: 

Me agarró el culo tan estratégicamente que movió su mano hacia mi clítoris, y me dijo: solo mueve tus caderas hacia mi. Tal cual lo hice, pero toqué tu pico como quien masajea una pieza de valor, pues claro para mi placer jugué con su límite bebí de su líquido pre-seminal y moví mis caderas, en un vaivén armónico que no dejó ni un solo espacio entre nosotros; habían líquidos moviéndose en ambas direcciones, pero que nunca dejamos caer más allá de nuestras lenguas activas en saborear ambas esencias. Lo tomé del cuello y nos pusimos de pie, de tal manera que él movió mi cintura hacia nuestra pared más cercana y solo arremetió su parte frontal en conjunción con mi culo... Gemíamos de placer, yo contra una pared no muy amigable- Pero él, en mi oído que por cada bocanada emitía una directa señal al epicentro del temblor y lo hacía más parecido a una fuerte ola de agua, que inundó hasta mi cintura.  Recibimos quejas de nuestros vecinos, pero eso solo incitó a que concretáramos el fin en mi boca en reversa a su cara, ya saben. Un perfecto antepenúltimo número antes del 70: lenguas, largos sorbos, besos, labios, gemidos y placer. 

Nos citamos a una segunda cita, pero el tren que esperaba su cambio de ciudad partió antes. Y yo solo sigo tocándome en el recuerdo de volver a repetir tal acuosa escena. 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Tic Tac



La espera se hacía sentir, al menos los días en el calendario estuvieron marcados por horas, minutos, segundos e instantes de infinito recuerdo y fantasías. Si, de éstas últimas más que nada sobre la nada. 
El imaginarte venir y concretar cada una de mis más aterciopeladas ideas, resultaba ser el recurrente tópico del día. 

Hasta que ya no quedó más calendario, hasta que ya no hubo más espera. El contacto visual nos ubicó, mas el contacto, si, el tacto fue el que se apoderó de nosotros sin importar estar rodeados de gente que a pesar de estar en un mundo paralelo al de ellos, estaban ahí. 

No caeré en romanticismos ni menos en ideas vagas de lo que el encuentro fue, la información entre ambos fluyó bajo el puente que tus manos construyeron entre mi cintura y tu cuerpo, nos encadenamos, y el contorno de tu cuello fue el disco duro latente y palpitante de todo lo que yo necesitaba conocer de ti. Primero con mi lengua, luego mis dientes, y luego mi cabeza en 60 grados opuesta a tu dirección besaba tu boca. Espacio, proximidad, lengua, direcciones, respiración. Besos y más besos que en una suerte de teletransportación llevaron tus manos bajo mi falda y yo entregada a ti visualicé que ya no había gente alrededor, el espacio cambió y nos llevó a la intimidad demandada. 

Como en una canción de jazz nos movimos, tú jugando a ser ese bajo palpitante que marca el compás del movimiento y yo la voz improvisada de un cantante que en tonos agudos y graves guiaba tu tempo. Los acordes aparecieron, bajo la silueta de un saxo que en cada si b transformó mis piernas desde mis nalgas hasta mis pies en tu puente y soporte, mientras transitabas en un vaivén cadente y sofocante todas tus notas. Mientras yo, arqueando mi espalda recibía tu respiración en la parte trasera de mi oreja, la que se agitaba a la par hacia el clímax de la canción. Estábamos algo así como en un so what de Miles,  llegando al final en un solo de piano unísono y prolongado colmando de placer mi energía hacia  fijar mi mirada en tus ojos que perdidos en el filo del éxtasis y el delirio, posaron en un clamor sin oxigeno el valor de la larga espera acontecida. 

Lets do it again because the debt is huge. 

miércoles, 9 de enero de 2013

Bitches

Noche verano en Santiago, la temperatura es igual a la de un día primaveral con el resultado agradable de caminar con ropa ligera fuera de casa y dentro también. 
Me encontraba buscando en qué matar mi tiempo, el ocio que conlleva la época (vacaciones) previo a la espera de un viaje resulta bastante tedioso y algo circular, cayendo en el rutinario día que comienza tarde y se termina tarde. 
Por esas casualidades, recibí el llamado de una amiga que estaba en la misma condición que yo. Decidimos juntarnos a matar las horas de la noche en algún happy hour de la ciudad. Mi deseo era claro esa noche: Hacerla especial y distinta. 
Ya nos encontrábamos en el bar, bastante iluminado para preciarse de tal nombre así que por fotofobia nos instalamos en las frescas mesas de la terraza. La intención de mi amiga, definitivamente era esa noche gemir y abrazar con sus piernas el cuello de algún atractivo candidato. Una idea nada de mala si se trata de hacer de una noche algo especial. 
Me senté ordené, crucé mis piernas y miré alrededor tal cual lo hace un león en busca de su presa, es cierto es una idea primitiva y salvaje ¿Pero quién no lo es a la hora del sexo? 
Listo, punto fijo mi amiga igual. Procedimos el coqueteo, la sopa estaba en la olla y hacía falta una cuchara para revolver los grumos. Con la sutileza necesaria, nos hicimos notar. Muchachos que se acercan a la mesa. Conversación. Risas. Coqueteos. Miradas selectivas. Mutación de conversación grupal a individual. 
El tipo era foráneo, simpático y con unas piernas abultadas que mantenían mi atención alta. No quise ahondar en temas superfluos como lo es preguntar la edad, estudios o incluso su procedencia. Pasamos directo a temas profundos que con suerte nos permitieron decir nuestros nombres. 
Mi amiga abandonó el bar, y yo me quedé con la compañía elegida. 
Jugamos por un momento al inocente, me levanté al baño y con ello su mirada me siguió por cada movimiento que hice, volví y decidimos salir de ahí en rumbo desconocido. 
Rápido. Simple. 
Para dar un motor de acción al salir del bar nos besamos en un beso que depositó mi mano en su entrepierna y la de él en la mía; mientras para acompañar nuestros labios vaciaban un puente de lenguas y labios almidonados. 
Me dio la mano, corrimos cual adolescentes al salir de la escuela. Subimos a un taxi y me dijo: VOy donde quieras. 
Este es rápido, dije. 
Recordaba la dirección de un cuchitril cerca del lugar y partimos, en el taxi mantuvimos la creación del preámbulo absoluto bajo un beso desmedido, sus dedos apretando mis pezones y los míos presionando el cierre de su pantalón. 
Llegamos. 
Entramos. 
Apresuradamente nos sacamos la ropa, el reía y me decía palabras en no español (no pienso revelar el idioma), había energía, él era eso. Súbitamente, fui atada con sus brazos a permanecer con el torso entregado y dispuesta a recibir lo que él tenía dispuesto para mi. 
Lengua, pezones, vaivén de mis caderas hacia las suyas, su cuello bajo la absoluta salivación de mi boca y dientes, ya era parte de mi deseo vampiresco por moverme el sitio de succión. 
Tomé fuerzas, me solté de sus brazos y tomé el control. En una bocanada de aire provoqué que ya no pudiera soportar más el deseo y accedí a mirarlo de frente, el quiso tomar el rol por ese momento y comenzó. 
Penetración.
Sexo.
Pulsaciones.
Agua.
Lubricación. 
Frecuencia acelerada.
Miradas. 
Apreté las paredes de mi vagina con tanta fuerza que él se deshizo sobre mi, le mostré que acá las cosas son mirándose, sintiéndose. Elongué mis piernas, mientras se arodillaba en paralelo para besarlas y no dejar de lado la penetración. 
Presión.
Acelerados.
Meseta.
Orgasmo.
Gemidos.
Risas. 
Besos.
Besos.
Besos.
Pechos bañados. 
Besos. 
Nos probamos. 
Dedos. 
Besos. 
Me dijo su edad (era menor que yo), me vestí, lo besé por última vez y le mandé un mensaje a mi amiga: ¿Cómo estás? 
Saliendo del motel, respondió. 
Misión cumplida. 

sábado, 23 de junio de 2012

Nos (Fugaz Parte III y Final)

Eran las 5am, salí a fumar un cigarrillo a la terraza del edificio (aunque no tengo la costumbre de ser una fumadora, a veces caigo en el pequeño gusto de saborear la muerte lentamente). Hacía frío, era invierno y de mi boca expelía una mayor cantidad de "humo-vapor" de lo normal. Bajo tal escena, pensaba en él y recordaba nostálgicamente su imagen en el espacio que compartimos el que ahora solo yo contemplaba. 
Esa noche, caminamos por la ciudad compartiendo experiencias a lo largo del itinerario que no estaba planificado. Solo debía fluir nuestro deseo de explorar la ciudad y por supuesto de conocer un poco de nuestra personal historia (ojo que nada que muy psicoanalítico)... Manos entrelazadas, miradas, besos, suspiros, risas, fluidez todo muy "romántico". Sin contar las horas, notaba que la velada se extendía lentamente y en nuestro comportamiento solo se daba paso a la templanza, al goce. Nos seguimos, nos acompañamos y por sobre todo nos (si, eso solo "nos"). 
Corrimos, cruzamos calles, olimos fragancias, fuimos parte de la ciudad. Hasta que, el fluir nos hizo llegar a fluir dentro de un espacio más privado. No sé, si era timidez o más bien resultaba ser que el sexo era algo latente, presente, deseable. Sin embargo, resultaba ser tácito... Oh! que agradable y deliciosa es esa sensación; el sentir deseo, sentirlo y vivirlo pero no explícitamente. Sino más bien, que cada momento era resultado de la conexión existente. 
Caímos sobre un sillón abrazados, y abrasados también. Bajo el recorrido de sus caricias y cercanía de sus formas, íbamos cediendo piel y hambre; en mi el calor traspasaba la barrera volátil y se transformaba en el líquido que solo iba a ser parte de un sólido vaivén que sobre las ropas iba siendo parte del movimiento principal. Continuaban los besos, yo mordía constantemente su labio inferior mientras que él sincronizaba mis caderas sobre él. Nos desprendimos de ropas, nos observamos desnudos, blancos y brillantes a la vez. La luz tenue del corredor solo nos permitía dar fusión al sonido del encuentro... Me posé sobre él firmemente, posando mis piernas junto a su pelvis. Comenzó el movimiento, el que por cada gemido iba presionando y contrayendo su sexo... Me apretaba las caderas, contorneaba mi torso, admiraba mi pecho, se iba en mi mirada... Aumentamos la frecuencia, caímos en la desesperación de llegar juntos a la cima... Acabé, y un chorro del último estado se derramaba desde mi interior, nos mezclamos y a la vez suspiramos. 
Hubo un último encuentro, en otra ocasión con mayores fotografías internas de cada escena. Pero, esa última es la que no logro traspasar a estas líneas, solo permanece latente en mi memoria como lo menos fugaz de todo. 

lunes, 18 de junio de 2012

Fugaz Parte II


... Continúe el vuelo, pasaron las horas que comprenden la rutina habitual. Me detuve, en la reflexión de dar paso a la corriente del viento. Vaivén... El chico silueta, regresó se repitieron las sensaciones que incitaban a seguir completando el argumento de la obra.

Fueron 2 noches más de espera o "paciencia, la que desesperadamente se iba agotando en la medida que iba siendo incitada bajo la estimulación constante por querer explorarnos libremente en la sabrosa sinfonía de gemidos, latidos y piernas entrelazadas.
Llegada la 3ra jornada, salieron los fuegos artificiales: mi falda fue un ascensor para sus manos, las que pulsaban cada centímetro de piel buscando detenerse en el piso de mis nalgas. Por mi parte, remarqué por completo su espalda, toqué hasta constatar su tensión por completarme bajo la luz tenue que envolvía el tono de nuestras pieles. Estábamos frente a frente, tocando, sintiendo, besando... Besé sus labios por cada segundo que transcurría, fue una cómoda eternidad de presiones hasta que reposó mi espalda sobre la cama y así su tensión sobre mi. Ya solo debía darme paso a seguir sintiendo, no eran uno ni dos simples orgasmos, era él y su interminable recorrido labial por mi cuello, pechos y dentro de mi la presión de caderas que ya no me dejaba ni siquiera pensar en el tiempo, ni menos  en que la palabra fugaz podía arruinar tal escena. 
La obra, casi estuvo completa. Nos despedimos nuevamente, para luego decirnos hola por una tercera y cuarta vez. 
Parte III y final, por venir. 

viernes, 15 de junio de 2012

Fugaz I Parte

En la decisión de escribir lo que sigue, caí en el dilema de elegir el idioma con el cual transmitir éstas ideas. Quizás con la ayuda de algún traductor y un vago conocimiento de la lengua requerida, se podría hasta entender en la torre de babel sin problema alguno. No obstante, soy terca y bastante patriota así que le haré honor a mi amada lengua castellana. 

Bien, normalmente las historias de hadas comienzan con un "Érase una vez" o "Había una vez un reino" y blah blah blah... En este caso, no hay príncipes ranas ni princesas narcolépsicas que pierden zapatos. Simplemente, hay dos protagonistas que llenan el espacio suficiente que requiere una completa historia en donde las risas que provocan mieles y miradas envolventes, lo son todo. 
Nos conocimos en un bar, de esos que bajo la oscuridad más las luces multicolores dan refugio para el escenario perfecto de "conquista o encanto fugaz", con esa convicción le invité a bailar media canción y besarlo en una canción completa. Luego de ello, no primaron palabras ni preguntas, ni horarios, ni nada que nos fuese a congelar la fluidez del momento. Yo quería dormir abrazada (algo ingenua la muchacha), comer un completo (algo natural luego de beber alcohol a destajo) por supuesto besar, morder y follar (lógico, la calentura no se evita me dijo una vieja amiga). 
Comimos, corrimos, gritamos, reímos, tocamos, sonreímos, mordimos, lamimos, fuimos, miré su rostro y toqué, sentí, gemí, grité, disfruté y fo... No  quizás se me pasó la mano con el alcohol pero me dormí. 
Desperté, miré por completo a mi compañía. Sus formas comprendían la larga e iluminada silueta de un hombre bastante atractivo el que de arriba a abajo invitaba a ser labio, a ser manos, a ser tacto, a ser caricias. Pasaron los minutos, y el acompañante despertó, respiró, estaba vivo. No sé si se dio cuenta de mi psicópata inspección. Al cabo que no me interesaba, lo hice con gusto. Un par de besos intercambiaron algo de espacio en ese momento. 
Nos despedimos, en un silencio que me cobijaba como un antifaz (no fue incómodo), lo seguía mirando  mientras se vestía, por lo que cerré los ojos y tomé una fotografía del momento. Nos dimos el último beso y adiós. 
Hasta el momento la historia es lenta, corta, aburrida quizás, es necesaria la secuela. 

sábado, 26 de mayo de 2012

¿Para qué?

Estábamos bajo la tensión de ese momento que debía llegar, a como diese lugar, debía llegar. 
La "instancia correcta", no existía... ¿Para qué? Si ya con ambos resultaba suficiente, él me tocaba y yo ardía, me erizaba, me humedecía, cosa que en él comenzaba a endurecerse cada vez más su entrepierna. Pasaban los besos, mordidas, nuestros pantalones estorbaban... De pronto el timbre de la puerta, hizo que todo quedara en pausa, sumado a ciertas visitas que solo intentaban poner en frío lo que ambos queríamos concretar. 
Di un break en lo que al timbre pertenecía, bajamos, íbamos conversando banalidades del ambiente... Incluso, hablamos de Kubrick... ¿Para qué? A mi sobrexcitaba que él intentara hacer vista gorda de que en un par de minutos íbamos a follar, apretarnos, mordernos, chuparnos, lamernos y balancearnos entre nuestras caderas. Llegamos, luz tenue, dos vueltas por la cama y adiós ropa. La desesperación era constante, persistente, nos volvimos algo torpes, pero eso le daba más energía al asunto. Solo bastó que tocara mi espalda y me besara el cuello, para que mis pezones se elevaran ante su pecho y debajo, en mi entrepierna estaba su propia, deliciosa, y dura elevación. Yo quería saborearle, succionar y lamer aquello que deseosamente quería luego tener dentro de mi. Nos miramos, y ya no era necesario hablar... ¿Para qué?, mi clítoris estaba en sus manos y su pico en mi boca, la sobreexcitación hizo que acabase inmediatamente, en ese preciso momento me embistió en dos movimientos que pusieron mis caderas en alto con gemidos de desesperación y placer. Ah! No pude evitar lamer su pecho y terminar mordiendo su cuello en el mismo momento que apretaba su pico dentro de mi. Otro orgasmo más y ya no lo soportamos, mi fluido salió glorioso y el suyo ya estaba en el límite en que retiramos la protección y se depositó completamente sobre mis pechos, los cuales acariciamos juntos y sellamos con un beso que lo dejó sobre mi, abrazado besándome, unidos, sin ganas de movernos nunca más. Yo movía mis piernas, para abrazar su espalda baja, y el solo dormía sobre mi pecho. Preparándonos para el segundo, tercero y cuarto movimiento de la sinfonía.