
Y si por casualidad nos encontramos, no fue ni siquiera coincidencia. Estábamos ahí para encontrarnos, y por sobre todo para entregarnos.
Fue solo una noche, pero lo necesaria para brindar placer a cada uno de los sentidos que ambos influenciamos.
Él solo un tipo apegado a mis intereses sexuales: Amplia espalda, pecho tonificado al igual que su trasero y una activa materia sexual traducida en: Un pene que me inundó hasta las orejas (suena algo simple pero así fue).
Esa noche nos miramos, yo solo me acerqué a la barra de aquel bar y él siguió aquel juego en el que yo solo sonreía y él asentía en cada uno de mis torpes intentos de hablar.
2 am, ¿Quieres un trago? Me dijo.
No, prefiero que vayamos a fumar algo afuera de este antro- Le dije con toda mi perso.
Ok.
Nos fuimos (antes), conversamos de la inmortalidad del cangrejo y más nada. Solo rematamos con las siguientes sugerentes pero tácitas frases:
Tu vestido marca perfectamente tu figura. Que envidia con tal prenda- me dijo en el tono más patéticamente cursi que esperaba, yo solo quería culear.
Bueno, quizás debamos apreciar el vestido desde otra perspectiva- paf lo dije y me importó una reverenda raja, el tipo me gustó.
Me miró con cara de: <Me pasaría de imbécil si no lo hago>.
Corrimos, apagamos el cigarrillo en una pared, nos miramos coquetamente y dijo:
Vivo a 5minutos de acá, podemos caminar.
Caminamos, nos dimos un sumiso y avergonzado beso en la siguiente esquina.
Llegamos a su depto, seguimos hablando de banalidades que más bien trataban de adornar el propósito de mi visita a su santuario. Fui al baño, me mojé la cara y dije: ta! siguiente paso un beso con mucho labio.
Lo hice y la escena se describe así:
Me agarró el culo tan estratégicamente que movió su mano hacia mi clítoris, y me dijo: solo mueve tus caderas hacia mi. Tal cual lo hice, pero toqué tu pico como quien masajea una pieza de valor, pues claro para mi placer jugué con su límite bebí de su líquido pre-seminal y moví mis caderas, en un vaivén armónico que no dejó ni un solo espacio entre nosotros; habían líquidos moviéndose en ambas direcciones, pero que nunca dejamos caer más allá de nuestras lenguas activas en saborear ambas esencias. Lo tomé del cuello y nos pusimos de pie, de tal manera que él movió mi cintura hacia nuestra pared más cercana y solo arremetió su parte frontal en conjunción con mi culo... Gemíamos de placer, yo contra una pared no muy amigable- Pero él, en mi oído que por cada bocanada emitía una directa señal al epicentro del temblor y lo hacía más parecido a una fuerte ola de agua, que inundó hasta mi cintura. Recibimos quejas de nuestros vecinos, pero eso solo incitó a que concretáramos el fin en mi boca en reversa a su cara, ya saben. Un perfecto antepenúltimo número antes del 70: lenguas, largos sorbos, besos, labios, gemidos y placer.
Nos citamos a una segunda cita, pero el tren que esperaba su cambio de ciudad partió antes. Y yo solo sigo tocándome en el recuerdo de volver a repetir tal acuosa escena.





