Estábamos bajo la tensión de ese momento que debía llegar, a como diese lugar, debía llegar.
La "instancia correcta", no existía... ¿Para qué? Si ya con ambos resultaba suficiente, él me tocaba y yo ardía, me erizaba, me humedecía, cosa que en él comenzaba a endurecerse cada vez más su entrepierna. Pasaban los besos, mordidas, nuestros pantalones estorbaban... De pronto el timbre de la puerta, hizo que todo quedara en pausa, sumado a ciertas visitas que solo intentaban poner en frío lo que ambos queríamos concretar.
Di un break en lo que al timbre pertenecía, bajamos, íbamos conversando banalidades del ambiente... Incluso, hablamos de Kubrick... ¿Para qué? A mi sobrexcitaba que él intentara hacer vista gorda de que en un par de minutos íbamos a follar, apretarnos, mordernos, chuparnos, lamernos y balancearnos entre nuestras caderas. Llegamos, luz tenue, dos vueltas por la cama y adiós ropa. La desesperación era constante, persistente, nos volvimos algo torpes, pero eso le daba más energía al asunto. Solo bastó que tocara mi espalda y me besara el cuello, para que mis pezones se elevaran ante su pecho y debajo, en mi entrepierna estaba su propia, deliciosa, y dura elevación. Yo quería saborearle, succionar y lamer aquello que deseosamente quería luego tener dentro de mi. Nos miramos, y ya no era necesario hablar... ¿Para qué?, mi clítoris estaba en sus manos y su pico en mi boca, la sobreexcitación hizo que acabase inmediatamente, en ese preciso momento me embistió en dos movimientos que pusieron mis caderas en alto con gemidos de desesperación y placer. Ah! No pude evitar lamer su pecho y terminar mordiendo su cuello en el mismo momento que apretaba su pico dentro de mi. Otro orgasmo más y ya no lo soportamos, mi fluido salió glorioso y el suyo ya estaba en el límite en que retiramos la protección y se depositó completamente sobre mis pechos, los cuales acariciamos juntos y sellamos con un beso que lo dejó sobre mi, abrazado besándome, unidos, sin ganas de movernos nunca más. Yo movía mis piernas, para abrazar su espalda baja, y el solo dormía sobre mi pecho. Preparándonos para el segundo, tercero y cuarto movimiento de la sinfonía.
