sábado, 23 de junio de 2012

Nos (Fugaz Parte III y Final)

Eran las 5am, salí a fumar un cigarrillo a la terraza del edificio (aunque no tengo la costumbre de ser una fumadora, a veces caigo en el pequeño gusto de saborear la muerte lentamente). Hacía frío, era invierno y de mi boca expelía una mayor cantidad de "humo-vapor" de lo normal. Bajo tal escena, pensaba en él y recordaba nostálgicamente su imagen en el espacio que compartimos el que ahora solo yo contemplaba. 
Esa noche, caminamos por la ciudad compartiendo experiencias a lo largo del itinerario que no estaba planificado. Solo debía fluir nuestro deseo de explorar la ciudad y por supuesto de conocer un poco de nuestra personal historia (ojo que nada que muy psicoanalítico)... Manos entrelazadas, miradas, besos, suspiros, risas, fluidez todo muy "romántico". Sin contar las horas, notaba que la velada se extendía lentamente y en nuestro comportamiento solo se daba paso a la templanza, al goce. Nos seguimos, nos acompañamos y por sobre todo nos (si, eso solo "nos"). 
Corrimos, cruzamos calles, olimos fragancias, fuimos parte de la ciudad. Hasta que, el fluir nos hizo llegar a fluir dentro de un espacio más privado. No sé, si era timidez o más bien resultaba ser que el sexo era algo latente, presente, deseable. Sin embargo, resultaba ser tácito... Oh! que agradable y deliciosa es esa sensación; el sentir deseo, sentirlo y vivirlo pero no explícitamente. Sino más bien, que cada momento era resultado de la conexión existente. 
Caímos sobre un sillón abrazados, y abrasados también. Bajo el recorrido de sus caricias y cercanía de sus formas, íbamos cediendo piel y hambre; en mi el calor traspasaba la barrera volátil y se transformaba en el líquido que solo iba a ser parte de un sólido vaivén que sobre las ropas iba siendo parte del movimiento principal. Continuaban los besos, yo mordía constantemente su labio inferior mientras que él sincronizaba mis caderas sobre él. Nos desprendimos de ropas, nos observamos desnudos, blancos y brillantes a la vez. La luz tenue del corredor solo nos permitía dar fusión al sonido del encuentro... Me posé sobre él firmemente, posando mis piernas junto a su pelvis. Comenzó el movimiento, el que por cada gemido iba presionando y contrayendo su sexo... Me apretaba las caderas, contorneaba mi torso, admiraba mi pecho, se iba en mi mirada... Aumentamos la frecuencia, caímos en la desesperación de llegar juntos a la cima... Acabé, y un chorro del último estado se derramaba desde mi interior, nos mezclamos y a la vez suspiramos. 
Hubo un último encuentro, en otra ocasión con mayores fotografías internas de cada escena. Pero, esa última es la que no logro traspasar a estas líneas, solo permanece latente en mi memoria como lo menos fugaz de todo. 

lunes, 18 de junio de 2012

Fugaz Parte II


... Continúe el vuelo, pasaron las horas que comprenden la rutina habitual. Me detuve, en la reflexión de dar paso a la corriente del viento. Vaivén... El chico silueta, regresó se repitieron las sensaciones que incitaban a seguir completando el argumento de la obra.

Fueron 2 noches más de espera o "paciencia, la que desesperadamente se iba agotando en la medida que iba siendo incitada bajo la estimulación constante por querer explorarnos libremente en la sabrosa sinfonía de gemidos, latidos y piernas entrelazadas.
Llegada la 3ra jornada, salieron los fuegos artificiales: mi falda fue un ascensor para sus manos, las que pulsaban cada centímetro de piel buscando detenerse en el piso de mis nalgas. Por mi parte, remarqué por completo su espalda, toqué hasta constatar su tensión por completarme bajo la luz tenue que envolvía el tono de nuestras pieles. Estábamos frente a frente, tocando, sintiendo, besando... Besé sus labios por cada segundo que transcurría, fue una cómoda eternidad de presiones hasta que reposó mi espalda sobre la cama y así su tensión sobre mi. Ya solo debía darme paso a seguir sintiendo, no eran uno ni dos simples orgasmos, era él y su interminable recorrido labial por mi cuello, pechos y dentro de mi la presión de caderas que ya no me dejaba ni siquiera pensar en el tiempo, ni menos  en que la palabra fugaz podía arruinar tal escena. 
La obra, casi estuvo completa. Nos despedimos nuevamente, para luego decirnos hola por una tercera y cuarta vez. 
Parte III y final, por venir. 

viernes, 15 de junio de 2012

Fugaz I Parte

En la decisión de escribir lo que sigue, caí en el dilema de elegir el idioma con el cual transmitir éstas ideas. Quizás con la ayuda de algún traductor y un vago conocimiento de la lengua requerida, se podría hasta entender en la torre de babel sin problema alguno. No obstante, soy terca y bastante patriota así que le haré honor a mi amada lengua castellana. 

Bien, normalmente las historias de hadas comienzan con un "Érase una vez" o "Había una vez un reino" y blah blah blah... En este caso, no hay príncipes ranas ni princesas narcolépsicas que pierden zapatos. Simplemente, hay dos protagonistas que llenan el espacio suficiente que requiere una completa historia en donde las risas que provocan mieles y miradas envolventes, lo son todo. 
Nos conocimos en un bar, de esos que bajo la oscuridad más las luces multicolores dan refugio para el escenario perfecto de "conquista o encanto fugaz", con esa convicción le invité a bailar media canción y besarlo en una canción completa. Luego de ello, no primaron palabras ni preguntas, ni horarios, ni nada que nos fuese a congelar la fluidez del momento. Yo quería dormir abrazada (algo ingenua la muchacha), comer un completo (algo natural luego de beber alcohol a destajo) por supuesto besar, morder y follar (lógico, la calentura no se evita me dijo una vieja amiga). 
Comimos, corrimos, gritamos, reímos, tocamos, sonreímos, mordimos, lamimos, fuimos, miré su rostro y toqué, sentí, gemí, grité, disfruté y fo... No  quizás se me pasó la mano con el alcohol pero me dormí. 
Desperté, miré por completo a mi compañía. Sus formas comprendían la larga e iluminada silueta de un hombre bastante atractivo el que de arriba a abajo invitaba a ser labio, a ser manos, a ser tacto, a ser caricias. Pasaron los minutos, y el acompañante despertó, respiró, estaba vivo. No sé si se dio cuenta de mi psicópata inspección. Al cabo que no me interesaba, lo hice con gusto. Un par de besos intercambiaron algo de espacio en ese momento. 
Nos despedimos, en un silencio que me cobijaba como un antifaz (no fue incómodo), lo seguía mirando  mientras se vestía, por lo que cerré los ojos y tomé una fotografía del momento. Nos dimos el último beso y adiós. 
Hasta el momento la historia es lenta, corta, aburrida quizás, es necesaria la secuela.