Eran las 5am, salí a fumar un cigarrillo a la terraza del edificio (aunque no tengo la costumbre de ser una fumadora, a veces caigo en el pequeño gusto de saborear la muerte lentamente). Hacía frío, era invierno y de mi boca expelía una mayor cantidad de "humo-vapor" de lo normal. Bajo tal escena, pensaba en él y recordaba nostálgicamente su imagen en el espacio que compartimos el que ahora solo yo contemplaba.
Esa noche, caminamos por la ciudad compartiendo experiencias a lo largo del itinerario que no estaba planificado. Solo debía fluir nuestro deseo de explorar la ciudad y por supuesto de conocer un poco de nuestra personal historia (ojo que nada que muy psicoanalítico)... Manos entrelazadas, miradas, besos, suspiros, risas, fluidez todo muy "romántico". Sin contar las horas, notaba que la velada se extendía lentamente y en nuestro comportamiento solo se daba paso a la templanza, al goce. Nos seguimos, nos acompañamos y por sobre todo nos (si, eso solo "nos").
Corrimos, cruzamos calles, olimos fragancias, fuimos parte de la ciudad. Hasta que, el fluir nos hizo llegar a fluir dentro de un espacio más privado. No sé, si era timidez o más bien resultaba ser que el sexo era algo latente, presente, deseable. Sin embargo, resultaba ser tácito... Oh! que agradable y deliciosa es esa sensación; el sentir deseo, sentirlo y vivirlo pero no explícitamente. Sino más bien, que cada momento era resultado de la conexión existente.
Caímos sobre un sillón abrazados, y abrasados también. Bajo el recorrido de sus caricias y cercanía de sus formas, íbamos cediendo piel y hambre; en mi el calor traspasaba la barrera volátil y se transformaba en el líquido que solo iba a ser parte de un sólido vaivén que sobre las ropas iba siendo parte del movimiento principal. Continuaban los besos, yo mordía constantemente su labio inferior mientras que él sincronizaba mis caderas sobre él. Nos desprendimos de ropas, nos observamos desnudos, blancos y brillantes a la vez. La luz tenue del corredor solo nos permitía dar fusión al sonido del encuentro... Me posé sobre él firmemente, posando mis piernas junto a su pelvis. Comenzó el movimiento, el que por cada gemido iba presionando y contrayendo su sexo... Me apretaba las caderas, contorneaba mi torso, admiraba mi pecho, se iba en mi mirada... Aumentamos la frecuencia, caímos en la desesperación de llegar juntos a la cima... Acabé, y un chorro del último estado se derramaba desde mi interior, nos mezclamos y a la vez suspiramos.
Hubo un último encuentro, en otra ocasión con mayores fotografías internas de cada escena. Pero, esa última es la que no logro traspasar a estas líneas, solo permanece latente en mi memoria como lo menos fugaz de todo.

