viernes, 6 de abril de 2012

Subway

Si por comenzar a describir la situación se debe partir de abajo, bueno así es. Dentro de mis recuerdos sobre esa noche, recalco a existencia de un primer deseo de incursionar en nuestro primer punto de encuentro: Las boleterías de una estación del metro. Esa sensación de lo prohibido, sumado al tumulto que de una forma nos podía cubrir como también dejar completamente desnudos ante la vista del mundo próximo. Lo que sé es que, nos encontramos con la mirada un cosquilleo subió desde mi estómago hacia mis pechos, era una sensación eléctrica  la que me dejaba en una completa postura de deseo ante ti. Nos abrazamos muy fuerte, pude sentir que el impulso ionico llegó a la altura de tu entrepierna. Me abrazaste más fuerte, presionando cada vez más nuestras caderas, todo esto acompañado de un beso largo, profundo, labial, lingual, sensual, excitante. Jadeabas, yo suspiraba mientras entrelazaba mi mano en el interior de tu muslo. Por tu parte, ya tenía un juego armónico que iba desde mi cintura hacia arriba, cubriendo mi pecho izquierdo que ya se perdía en el vaivén que comenzaba a tomar forma cada vez más acelerada. Estábamos, en el extremo de esa boletería, la gente pasaba, sentíamos las miradas pero nadie se acercaba. Nosotros seguíamos, tú me cediste por completo la virilidad que ya empujaba con agresivo ímpetu el cierre de tu pantalón, por lo que procedí a liberarlo sin ningún pudor que me lo impidiese, mientras tu mano pasaba bajo mi falda para inspeccionar mi copioso caudal. 
En ese minuto, una voz algo ruda pero a la vez excitada nos dijo. Retirénse ahora sino quieren pasar la noche en una comisaria. La idea nos resultó ingeniosa. ¿Compartiendo calabozo?- Le preguntaste. 
30 minutos después, convertimos en un calabozo el baño de un servicentro, el cual solo fue liberado al clamor y gemido del placer generado.