miércoles, 28 de diciembre de 2011

Ménage à trois

  A pesar que la abulia me inunda el alma en estos momentos, no puedo evitar sentarme frente a esta pantalla y comenzar a narrar aquel episodio que en mi mente lleva un escrito pendiente.

  Según recuerdo,  ya han trascurrido dos semanas desde ello.
Todo partió con un juego, de esos nuevos que solo adquieren significancia porque la curiosidad es aquella que los comanda, solo nos reíamos sin más acción que un montón de bromas lascivas en las que me envolvía como una de los tres protagonistas de la historia. 
Corrían los momentos, pero no así las horas, todo resultaba eterno sobre todo aquellas instancias en las que el baile formaba parte del principal puente de conexión entre los tres cuerpos que en un futuro no muy lejano iban a intentar encajar armónica, en un movimiento pendular en el que tanto el norte como el sur de cada cuerpo iba a invertir su polaridad. 

  Pasaron las horas, la decisión fue tomada de forma tácita, sin más que un impulso comenzó la historia:

- Tres protagonistas
- Un escenario 
- Dos similares
- Un distinto

  Recuerdo la conjunción de colores en tal escenario: rojo, dorado, negro. En formas que ascendían y descendían, gemían y deseaban. Eran dos símiles, que interactuaban en base al tacto, lamí su clítoris hasta saciar mi sed, la mordí, jugué con sus pezones, y en sus piernas deposité mi deseo de seguir experimentando sus temblores. Mientras, en mi sur estaba él, jugando a seguir el movimiento pendular pero con una extra dedicación, en que apretaba con fuerza sus dedos en contra de mis muslos. Ella seguía gimiendo, mi boca estaba repleta de ella, mientras ya era hora de que la imaginación diera un giro completo al cuadro. El movimiento pendular se acabó, y era ella quién en un vaivén constante acercaba sus labios hasta la copa de mis pezones, los mordía y eso me hacía morir en éxtasis. 

  La situación era exorbitante, había calor por todas partes, sudor, fluidos, sentidos... Hicimos uso de todo lo que el cuerpo nos brindaba, mis manos estaban en ella, las bocas en él, los tres colores se fusionaron, llegando el momento de las explosiones, no fueron simultaneas, sino parceladas, por sobre todo cuando él hacía uso de sus manos en cada una de nosotras. 
Ya no había más que decir, ni hacer, todo acabó. Ella se durmió, él partió y yo continué con unas horas de sueño para iniciar la jornada laboral de la mañana que se avecinaba. 

jueves, 8 de diciembre de 2011

Touchent

Todos los días es lo mismo, 6 horas sentada en ese puesto de trabajo que solo está compuesto por un computador, un teléfono y mi asiento. 
Cada dia, a eso de las 12:00 pm, tengo un Break en el que suelo fumar un cigarro o beber un café con algunos de los chicos (as) que componen la plataforma de trabajo. Supongo que ya adivinaron cuál es mi labor dentro de tal lugar. 
Caen llamadas, contesto, respondo, escucho y cuelgo. Esa es la rutina diaria, por 6 horas 6 días a la semana... Monótono, aburrido, poco variable. 
Ahora bien, desde hacía algún tiempo dentro de mis deseos internos ha estado el tener sexo en uno de esos cubiculos telefónicos, pero dado que me relaciono pocos minutos al día con mis compañeros y bueno ninguno de ellos me resulta atractivo. He cedido ante la idea. Sin embargo, aún sentí que algo podía hacer. 

Era invierno, hacía mucho frío todo el mundo escapaba de las bajas temperaturas gracias a la infusión de algún líquido caliente o simplemente con mucha ropa a cuesta. En lo particular, me abrigué con un gran chaleco, panties, botas y una falda bien corta. Hay algo que mis extremidades no logran congeniar con un pantalón. Como sea, hacía frío... Me dispuse a comenzar a recibir llamados, tenía mucho frío por lo que comencé a mover mis piernas de modo que frotaba una contra la otra de forma constante... Cosquillas, seguí frotando... Humedad, me gustaba la idea. Uf! solo cerré los ojos y mordí mis labios, seguí frotando, cada vez más rápido procurando no emitir ningún sonido que escape del habla habitual de cada llamada. Mis pezones, estaban en alto, no se notaban dado el gran chaleco que me cubría, pero yo si estaba sintiendo como mis pechos estaban encerrados y apretados bajo las ropas, seguí frotando acabé, pero deseaba más... Procuré que nadie estuviese mirando, cosa que así fue. Llevé una de mis manos bajo mi baja, estaba ardiendo, de frío a esas alturas ni hablar, seguí frotando mi clítoris una y otra vez, ya no podía esconder la excitación que me hacía llegar al orgasmo. Por el teléfono, intentaba controlar mi voz, hasta que ya no pude y gemí, recuerdo que del otro lado de la línea una voz masculina me oía. 
-Estás bien?- Preguntó
- Si, señor solo golpeé mi mano en contra de una taza caliente de café. Usted comprenderá hace mucho frío. 
- Ah, tenga cuidado señorita. 
- Descuide, gracias. 

Fueron 5 tazas derramadas, y yo estaba extasiada, dieron las 12pm la hora del Break y como es de costumbre bajé a fumar un faso con mis compañeros:

- Luces radiante hoy- Infirió uno de ellos. 
- El café me hace bien parece- Le respondí. 


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Escrito en el Comprobante de Carga bip!



Que la vida tal como es no lo es
es algo que me deja de conmover
pero sorprenderse con ella es lo grato de ser 
de ser un ser vivo, de ser un ser que es. 

Trepar por cada segundo hasta completar minutos,
minutos que no sean el compuesto de horas útiles, 
horas que generen días significativos,
días que llenen de goce las semanas,
semanas que compongan meses de dicha,
meses que forjen años de grandiosa felicidad.

Una vida que sea y no que se crea,
ni en el escalado segundo 
ni en la felicidad de los años. 

martes, 6 de diciembre de 2011

Tocador

Me incliné ante él, y le pedí que moviera sus manos hacia su ombligo, solo debía llegar hasta ese punto. Era mi regla, faltaba la suya- Extiende tus manos bajo mi ombligo y solo toca, puedes tocar todo lo que esté sobre tu ombligo- Me dijo. Accedí, no sé qué estaba más elevado si mi sostén o su entrepierna, solo sé que ambas eran una bomba de tiempo, pronto desearían salir de las ropas que les esclavizaban. 
Mis pechos fueron los primeros que se liberaron, y comencé a frotar mis pezones en su entrepierna, la que al cabo de dos movimientos estaba expuesta... Su piel ardía, la mía hervía por cada roce y movimiento; él lamió sus dedos y los puso sobre su piel, apretando lo que sería el espacio preferido de su cuerpo,
Tócate y bebe de ti- Me dijo. 
Me senté en una silla frente a sus ojos y su coño, toqué cada parte de mi, deteniéndome en mis pechos los que apreté tan fuerte que sus gemidos me hicieron abrir los ojos de tal trance... Humedecí mis dedos, llevando saliva bajo mi ombligo... No fue necesario repetirlo, estaba aún más húmeda que el líquido labial superior. 
Él por mientras aceleraba sus movimientos, yo por mi parte hacía lo mío en mi clítoris; éramos dos calientes competidores que se batían en quién se autodestrozaba primero y luego se deshacía ante el otro... Gané, exploté hasta el punto en que no se resistió besando y lamiendo desesperadamente mi palpito frenético. Era su turno... En ese momento estaba bañada de ti, y el calor derramado se deslizaba por cada curva de mis pechos. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Mezzanine

Tumulto era los que nos rodeaba, sudor, gritos, música, bailes, alcohol, cigarrillo, luces, y oscuridad... Me pediste bailar, accedí y en ese momento supe que no iba a escapar de ti, al menos por un par de canciones... 

Comenzaron las miradas, no quisimos hablar ni saber detalles de nuestras identidades bastaba con sentir la atracción física que nos unía superficialmente hasta ese momento. Luego, tomaste uno de mis brazos y comenzaste a moverte como un perfecto bailarín, lleno de energía y gracia. Eso me gustaba, por sobre todo tu indiferencia parcial ante la situación. Al paso de unas canciones, tomaste mi cintura y yo tu cuello, no queríamos besos, no era necesario. Recuerdo que Dissolve Girl, estaba de fondo (Massive Attack), podía sentir tu pantalón abultado presionando fuertemente mi cadera, tu manos bajaron hacia estas, yo solo movía mi pelvis como queriendo simular ese roce con mi real intención. Había mucha gente, bajo la cintura poco se podía visualizar... La presión continúo, tu manos se movieron a mis pechos que ya a ese minuto estaban tan presionados y en alto como tu pantalón, mientras tocabas cada curva con una fuerza sutil y constante, decidí tocarme, mi ropa interior estaba húmeda, escote durísimo, tu con tu aliento mordiendo mi cuello... Tomaste mis manos y saboreaste cada uno de mis dedos, a esa altura la gente no existía, todo estaba en nosotros o casi todo. 
Abrí tu pantalón, la música sonaba cada vez más fuerte, tenías sed y yo compartí de mi jugo contigo, todos nos veían y se contagiaban con nuestra sed... Te di mi espalda, y en la oscuridad que nos cobijaba, quisiste calmar tu sed penetrando bajo mi espalda... Nos movíamos lento, entrabas y lubricabas cada movimiento, mis dedos estaban empapados, tus manos seguían en mis pechos y tu respiración era contante en mis oídos. Era tu presa, gemíamos al compás de cada tiempo musical, nos movíamos ante el palpito de mi propio ritmo interior, ya nada importaba solo subir y prolongar el placer.... Tomaste mi pelo, besé y mordí tus labios y en un movimiento excusado en el baile descendí hasta saciar mi sed, la bebida hervía, saciaba mis deseos, mordí la bombilla lo bebí todo... 
Fue la última canción para nosotros en ese lugar, la fiesta estaba en alto, pero nos esperaba un mejor lugar en el que continuaríamos saciando nuestra sed y bailando hasta que la música se termine. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Doggers


Siempre quise hacer uso de los espacios públicos, como medio de reemplazar al trillado y follado motel. Pero no hacer uso de estos, como sitio de frotaciones, ni de manos o dedos penetrantes, yo quería rasgar tu ropa y relamer en cada mordida tu cuerpo, hasta que algún rincón del cemento fuera testigo y soporte de nuestro equilibrio. 


Llegó el día, el alcohol jugó un papel ideal para deshinibirnos incluso las risas fueron las que luego al apoyar mi cara en ese frío kiosco, fue reemplazada por un gemido sudado y marcado por mi respiración entre tus dedos: No grites me decías, mientras la falda que usaba estaba sobre mi cintura, espacio que fue ocupado por tu pelvis en contra de mi piel.

El kiosco ya no estaba frío, de pronto se comenzó a hervir no sé si estaba en armonía con lo que hervía debajo de mi falda, lo hicimos una y otra vez. Sabíamos que nos estaban mirando, a pesar de que a esa hora solo los perros callejeros marcaban los pasos que a lo lejos se podían oir. Yo sé que nos miraban, o quizás eso era lo que me mantenía con la adrenalina necesaria para continuar con nuestra fantasía. 

Hierve, hierve, hierve, tus manos, mis quejidos, penetrante sonido, penetrante contraste, vaivén interminable... La respiración se agitó, estábamos en línea recta dentro de la competencia... ¿quién cedía primero?... Cedimos juntos, ya no podía sostenerme ni seguir apoyada ante ese horno que en algún momento fue frío, mientras tú estabas ante mi espalda sosteniendo mi cintura... Llegamos, la falda volvió a su sitio, nos besamos, continuaron las risas y una ventana se cerró en el segundo o quizás tercer piso del edificio que estaba a la derecha de ese kiosco. 

Debut y Despedida

Me sostenía en el pendulo de tus caderas sedienta por saborear la esperma caliente de tu deseo, no podía esperar... Pero tú, jugador experto en promover el palpito constante de mi interior, no dejabas escapar un centímetro de tu placer, solo quería el calor que de mi expelía... Te lo entregué, en cinco segundos exploté en placer, la lluvia cálida que humedecía mi entrepierna, hizo que acercaras tu mirada hacia mis pechos que como dos fuertes montañas, posaban su cima en tus dientes... Ya, no podía sostenerme en ti, tomé el control era momento de que sintiese el placer de tu calor en mis papilas, en mis dientes, en mi lengua... Te comí, te besé, te mordí, gemimos juntos hasta saciar por completo nuestras ansias. 
Después de la explosión, no hubo heridos, solo dos cuerpos tendidos en el manantial de nuestro encuentro, nos vestimos, te di el último beso en ese pasillo de puertas simétricas, tú mordiste por última vez el fin de mi cuello y el comienzo de mi torso. Te dije adiós, ya era hora de tomar ese avión.